
mismos hombres; qu'l'amor, su muerte, su retoño, su ponzoña, sus caminos, fotos y bagatelas, sortilegio nomás, nomás que lo agarren ad uno de nuevo, con nueva sangre en
la misma herida pa' que se deguste el dulce dolor de los pasos compartidos.
En Puebla de los Ángeles yo anduve andante revuelto caricaturesco, imposible y tenebroso, harto y balbuceante. Decidí ir no sé por qué.... bueno sí lo sé, pero de nada sirve, n'hay asideras ni banquetas ni cursilerías, Puebla es una ciudad, la ciudad d'él, cariñosamente odiada, extrañamente disfrutada.